Morena, el partido que llegó al poder enarbolando la bandera de la eliminación de privilegios, decidió blindar a Cuauhtémoc Blanco flanqueado por legisladoras de ese partido que, sin rubor alguno, exhibieron su pragmatismo político en contra de lo que clamaron durante años: el fin de un sistema de impunidad machista.
InfoStockMx- En ese contexto, la decisión de Morena de evitar el desafuero de Cuauhtémoc Blanco no es solo un acto político: es un mensaje. Un mensaje que confirma que no están interesados en la justicia, sino en proteger a los suyos. Esta es la verdadera razón detrás de la negativa a permitir que el Poder Judicial hiciera su trabajo.
El argumento de Morena se sostiene sobre tres pilares: que la carpeta de investigación estaba mal integrada, que fue presentada por un enemigo político y que no existen pruebas contundentes. Tres razones que, más allá de su validez técnica, revelan la falta de voluntad para esclarecer el caso en instancias judiciales. Si la carpeta tiene deficiencias, corresponde a un juez determinarlo. Si el exfiscal de Morelos tenía motivaciones políticas, eso no invalida las pruebas. Si no hay pruebas suficientes, que sea la justicia quien lo determine, no un partido político. El problema radica en que Morena asumió un papel que no le corresponde: el de juez y parte.
Este episodio representa un punto de inflexión para el partido. Desde su fundación, Morena ha criticado el fuero como un mecanismo de impunidad, un vestigio del viejo régimen que permitía a los poderosos evadir la justicia. Sin embargo, hoy lo utiliza como un escudo para proteger a un aliado político. Es la confirmación de que la lógica del poder termina devorando los principios.
Más allá de la polémica por la decisión de Morena, lo que resulta más indignante es la reacción de sus legisladoras. Mientras una mujer denuncia un intento de violación, las diputadas de Morena aplauden y gritan “No estás solo” a Cuauhtémoc Blanco. La ironía es brutal: el partido que se proclama feminista, que dice luchar por los derechos de las mujeres, elige respaldar a un acusado en lugar de, al menos, permitir que se investigue. Con su voto, esas legisladoras traicionaron la agenda que dicen defender.
Pero Morena no actuó solo en la cámara de los diputados. La alianza con el PRI y el Partido Verde para bloquear el desafuero demuestra que, al final, los intereses de grupo están por encima de cualquier discurso de transformación. Es la política en su forma más pura y cruda: el pacto de impunidad que prevalece sobre cualquier otro principio. La protección a Cuauhtémoc Blanco es también la protección a todos los políticos que temen que su propia inmunidad sea vulnerada.
En términos históricos, lo sucedido en la Cámara de Diputados es una repetición de los viejos vicios de la política mexicana. Morena llegó al poder con la promesa de ser diferente. Sin embargo, sus acciones demuestran que, cuando se trata de proteger a los suyos, la lógica de la impunidad sigue intacta. La historia juzgará esta decisión, pero el mensaje ya está enviado: en México, la justicia sigue dependiendo de quién tenga mayor influencia política.
Lo que pudo haber sido una oportunidad para mostrar que nadie está por encima de la ley terminó siendo una confirmación de que, en la cúpula del poder, las alianzas importan más que la justicia. Y la impunidad, como siempre, sigue ganando terreno.
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